Un Mensaje a la Conciencia

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Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.

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7 Episodes of this Podcast:

«EL VENGADOR DE LOS INOCENTES»

Published: 2009-11-20 10:00:00

(Día Internacional de los Derechos del Niño) «La pobre joven estaba encinta.... »—Hija —[le] dijo [su padre], turbada la voz. »Volvióse ésta con ojos espantados [debido a] la faz contraída... de su padre. »—Sabe, hija, y no te apenes,... aquel... malvado... tu seductor... ha huido, embarcándose ayer —concluyó [el padre], entre rugidos.... »La joven miró al cielo, brotaron lágrimas reprimidas de sus ojos, y volvió a bajar la cabeza. »—Sea como Dios quiera —murmuró.... »El hombre apretó los puños... y continuó: »—Ese miserable se ha burlado de ti; está bien: la justicia algún día se encargará de arreglarle las cuentas... Yo haré lo que me competa. Solamente espero que seas fuerte, y me ayudes a encubrir nuestra honra.... »La joven se dominó; trató de serenarse, y quiso ser más fuerte que su desgracia.... »Corría el año de 1823 ó 1824.... Frente al templo [de Nuestra Señora de las Mercedes] vivía en una pobre casa... una mujer del pueblo, comadrona... conocida bajo el nombre de Señá Petronila la partera.... »Aconteció que una noche, entre doce y una, fuertes golpes resonaron... a la puerta.... La Señá Petronila se levantó apresuradamente.... »—Abra usted, Ña Petronila, que la vengo a solicitar para una señora. »La comadrona... abrió y se puso a disposición del desconocido..., [quien la vendó] para que ignorase a donde la conducía.... »Señá Petronila y su misterioso acompañante... llegaron al fin... [al patio de] la casa indicada... desde [donde] se dominaba el río... Ozama.... »Allí, a la luz de las estrellas, [la partera] vio... a su parturienta: era una mujer completamente embozada. »—Ahí tiene usted a esa señora —díjole el desconocido [a su hija, la joven parturienta], con tono seco e imperiosa voz—: cumpla usted con su deber.... »Pasado un buen rato [en] fúnebre silencio..., quedó cumplido el delicado y penoso encargo, y tan feliz alumbramiento dio ánimo a la pobre Señá Petronila.... »[Tomó] a la criaturita, que lloraba débilmente, y la [entregó] sonriendo a aquel hombre, esperando que esto fuese de su agrado, y... ¡el monstruo [arrebató] al recién nacido por los pies y... sin proferir una sílaba, sin mirarlo, [lo arrojó] al río! »El niño exhaló en el aire un gemido al caer, y las olas se abrieron con estruendo, tornando a cerrarse sobre la líquida tumba del inocente.... »El hombre sacó del gabán un largo bolsón de dinero que dejó en las manos de la Señá Petronila.... »—Oiga usted, buena mujer —le dijo en voz baja, sombría y amenazadora, mirándola con... ojos feroces—: cuidado con revelar nada de lo que ha visto. Yo la alcanzaré dondequiera que usted se meta, y ¡ay de usted entonces!... ¡Vaya usted con Dios!»1 ¡Con razón que a este cuento añejo, que escribió en 1889, el autor dominicano César Nicolás Penson le puso por título «Drama horrendo»! Lo que seguramente no comprende el despiadado padre y abuelo del cuento es que ese mismo Dios al que encomienda a la partera ha establecido que pecadores como él no escaparán de su pecado.2 «¡Ay de los que... cometen sus fechorías en la oscuridad, y piensan: ““¿Quién nos ve?””!... —les advierte Dios, ““el vengador de los inocentes””—.3 Muy pronto... todos los que no duermen para hacer el mal... y con engaños perjudican al indefenso... serán exterminados.»4 Carlos Rey
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www.conciencia.net 1 César Nicolás Penson, Cosas añejas (Santo Domingo: abc editorial, 2002), pp. 8-19. 2 Nm 32:23 3 Sal 9:12 4 Is 29:15,17,20,21

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«¿HASTA DÓNDE DEBO LLEGAR POR AMOR A MI FAMILIA?»

Published: 2009-11-19 10:00:00

En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Un día mi esposa, después de seis años de matrimonio, me llamó aparte y me dijo que se quería separar. Dijo que quería su parte de las propiedades. Todo como me lo pidió se lo di. No le importó que al llevarse la mitad de los negocios, yo iba a la ruina. Igual se los entregué. »Con el tiempo, todo lo perdió... Yo entonces le pedí que volviera a casa. Sé bien que no me quiere. Ella me lo dijo muchas veces. Pero ahora mi hijo es feliz otra vez. »¿Vale la pena mantener el hogar cuando sólo yo tengo amor en mi corazón? ¿Hasta dónde debo llegar por amor a mi familia...?» Este es el consejo que le dimos: «Estimado amigo: »Lo felicitamos por ser un hombre con entereza de carácter, más interesado en el bienestar de su hijo que en el suyo. Ese es un rasgo excepcional en estos tiempos en que vivimos. De veras es encomiable que usted esté dispuesto a sacrificar su propia felicidad a fin de que su hijo pueda crecer feliz.... »¿Se ha portado mal su esposa? ¡Claro que sí! De ninguna manera justificamos lo que ella ha hecho. ¿Ha sido esta una terrible experiencia para usted? Sin lugar a dudas. Pero usted ha reconocido sabiamente que su hijo no debe tener que sufrir a causa de los errores de la mamá. »El carácter que usted ha mostrado al estar dispuesto a perdonar una y otra vez es como el de nuestro Padre celestial. De hecho, hay una historia que forma parte de la Biblia porque Dios quiso enseñarnos lo mucho que está dispuesto a perdonarnos y a darnos otra oportunidad cuando lo hemos herido repetidamente. Es la historia de Oseas, que se casó con una mujer que lo abandonó a él y a sus tres hijos una y otra vez, y hasta le fue infiel. Pero Dios le dijo a Oseas que volviera a mostrarle amor a su esposa,1 y Oseas lo hizo, quizá porque Dios se lo dijo, y quizá porque sabía que era lo mejor para sus hijos. »Muchos afirman que aman a Dios. Le piden favores y claman a Él cuando están en apuros, pero nunca han sentido devoción por Él. Nunca lo han amado tanto como para que sea parte importante de su vida diaria. Por el contrario, se aprovechan de Él para satisfacer sus propias necesidades, tal como su esposa está haciendo con usted. Y con todo Dios sigue dispuesto a amarlos y a tener una relación personal con ellos. Él les perdonará los pecados cuando se lo pidan, gracias al sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz. »Tal vez su esposa no le haya pedido a usted perdón. Y tal vez ella no haya reconocido siquiera que se ha portado mal. Pero cuando usted sigue amándola y mostrándole cariño, le está dando un ejemplo piadoso a su hijo. Y de aquí a que él sea adulto, es posible que esa mujer que es esposa suya y madre de él haya cambiado su actitud y su comportamiento como resultado del amor que usted le ha mostrado. »¡Le deseamos que sea feliz! »Linda y Carlos Rey.» El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace que dice: «Caso 45» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Caso de la semana». Carlos Rey
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UNA SIMPLE LEY FÍSICA

Published: 2009-11-18 10:00:00

Era la fiesta de los Enamorados en Londres. Se celebraba un alegre baile juvenil en un edificio de dos pisos. La noticia de la fiesta se difundió. Los jóvenes fueron llegando en parejas, en grupos de cuatro, de seis, de ocho, de diez. Cuando ya había más de doscientos jóvenes bailando rock, el piso cedió. Se debió a una simple ley física. Un piso hecho para soportar a cincuenta personas no puede soportar a doscientas. El piso se rompió y los jóvenes cayeron en medio de una espantosa confusión. Dos muertos y sesenta heridos fue el saldo del trágico final de la fiesta. Hay leyes físicas que no se pueden violar sin pagar las consecuencias. Si se ponen los dedos en el metal caliente, se sentirá la quemadura. Si se toca un cable eléctrico, se sentirá la descarga. Si se deslizan los dedos por el filo del cuchillo, correrá la sangre. El universo tiene infinidad de leyes físicas que son así porque así las formuló el Creador. No se pueden violar sin sufrir algún percance. Y también el universo, y especialmente la humanidad, poseen una gran cantidad de leyes morales, igualmente firmes, igualmente valiosas, que tampoco se pueden violar con impunidad. Consideremos el caso de Londres. El piso del edificio no cedió debido a que los jóvenes bailaban música rock, ni porque bebían cerveza, ni porque algunos fumaban marihuana ni porque algunas jóvenes parejas se entregaban a excesivas muestras de cariño. Cedió porque se le puso encima demasiado peso, y nada más; es decir, por una simple ley física. Así mismo, si sobre una esposa sufrida o un esposo demasiado ingenuo, el otro cónyuge empieza a poner demasiado peso de infidelidad, tarde que temprano habrá un quiebre, una ruptura, un desastre. Es una simple ley moral. Muchas esposas ceden por el peso de demasiadas burlas del marido, y se rompen como estante de vidrio que deja caer estrepitosamente la excesiva carga de copas que se le ha puesto encima. Y quedan igualmente hechas añicos. No se puede cargar un puente con demasiada carga ni poner demasiado peso en la bodega de un barco o de un avión. Todo tiene un límite. Pasado ese límite, hay peligro de muerte. Tampoco se puede cargar el corazón de un ser humano con demasiada pena. Y menos cuando ese corazón es el de la esposa o del esposo. Pidámosle hoy a Cristo sabiduría, comprensión y poder. Él nos ayudará. Hermano Pablo
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¿JUSTICIA O MISERICORDIA?

Published: 2009-11-17 10:00:00

Cuando Julius y Ethel Rosenberg se casaron en 1939, los dos ya eran miembros activos del Partido Comunista de los Estados Unidos de América. Pero a nadie se le hubiera ocurrido pensar que llegarían a ser los primeros civiles de su país condenados a muerte por espionaje y los primeros en ser sancionados por ese delito en tiempos de paz. La Segunda Guerra Mundial, que estalló el mismo año en que se casaron, ya había dado paso a la Guerra Fría cuando fueron arrestados y acusados de ser espías de la Unión Soviética en 1950. El proceso judicial contra los esposos Rosenberg comenzó el 6 de marzo de 1951. Causó gran sensación en todo el mundo, pues se les acusó de divulgar secretos hasta sobre armas nucleares. En el mes de abril, luego de ser hallados culpables, el juez Irving Kaufman les impuso a ambos la pena capital. Durante los siguientes dos años el fallo fue apelado ante los altos tribunales y también fue analizado ampliamente por el tribunal de la opinión pública internacional. Uno de los factores en tela de juicio era la presunta imparcialidad de aquel juez, que al dictar sentencia había emitido el juicio de que los Rosenberg eran culpables de un delito «peor que el homicidio». La Corte Suprema de Justicia atendió siete recursos de apelación, pero fueron denegados los siete. Y por si eso fuera poco, tanto el presidente Harry Truman en 1952 como el presidente Dwight Eisenhower en 1953 denegaron las peticiones de clemencia presidencial. Ante el fracaso de una campaña a nivel mundial que pedía misericordia en su favor, los esposos Rosenberg fueron ejecutados en la Prisión Sing Sing de Nueva York el 19 de junio de 1953. Al final del gran pleito jurídico, cuando ya se había dado el fallo de culpable, el abogado defensor, como último recurso, suplicó: «¡Su Señoría, lo único que mis clientes piden es justicia!» A lo que el juez Kaufman repuso: «Eso es precisamente lo que este tribunal ha impartido, justicia. Lo que realmente quieren es misericordia, y este tribunal no está facultado para conceder misericordia. Eso le corresponde al presidente.» Así como a los espías Rosenberg, también a cada uno de nosotros se nos ha hallado culpable de un delito que lleva la condena de muerte. Ese delito es el pecado. Pero Dios, el presidente sobre todos los presidentes del mundo, consciente de que lo que necesitamos es misericordia y no justicia, envió a su Hijo Jesucristo al mundo para que muriera en nuestro lugar. Ahora, en base a esa expiación de nuestro pecado, Él nos ofrece su perdón divino y, en vez de una condena de muerte, la vida eterna. Así que no tenemos que esperar, como los Rosenberg, a que se nos dicte sentencia. Podemos, más bien, anticiparnos al día del Juicio Final, pidiéndole a Dios perdón hoy mismo y recibiendo así su misericordia divina. Carlos Rey
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MALAS NOTICIAS, BUENAS NOTICIAS

Published: 2009-11-16 10:00:00

Fría y lacónica era la esquela que Pamela Strother, empleada de banco, encontró en su correspondencia esa mañana. Era una comunicación de su banco donde le decían que en dos meses más quedaría cesante. Para Pamela, joven soltera de veintiocho años de edad, y sin muchos amigos ni mucha familia adonde acudir, la esquela era como un puñal que le clavaban en la espalda. Pocos días después, todavía trastornada por la pérdida del empleo, Pamela recibió otra esquela. Esta venía de la Lotería de Chicago, Illinois, donde ella vivía. En ella le comunicaban que era la ganadora de un gran premio: tres millones setecientos mil dólares. Una buena noticia venía para aliviar el efecto de una mala. Si pensamos un poco, esta pobre vida humana tan problemática que llevamos está llena de buenas y de malas noticias. El bien y el mal se entrelazan continuamente en nuestra existencia. La enfermedad y la salud se alternan una con otra; los días buenos siguen a los malos y los malos a los buenos; hoy reímos y mañana lloramos. En definitiva nada podemos dar por sentado. Las lágrimas siguen a la risa, y el placer sucede al dolor. Si hoy estamos pobres, mañana un golpe de fortuna puede hacernos ricos. Como dice la Biblia en el Eclesiastés: «Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo» (3:1). O como expresara el poeta mexicano Juan de Dios Peza: El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas.
Aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas. Algunos llaman a esto la eterna inseguridad humana; otros lo llaman: «La ley de las compensaciones». Otros le dicen: «La ley de la cosecha», debido a que «cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6:7). Pero lo cierto es que no importa lo que suframos en la vida, ni cuánto gocemos (el sufrimiento y el gozo son simples alternativas), se abre para nosotros, más allá del día de la muerte, la posibilidad de dicha eterna, como también la posibilidad de desdicha sin fin. Cielo o infierno nos esperan allá, al fin del camino. ¿Cómo asegurarnos esa dicha eterna, que será inmutable, sin mermas ni altibajos ni cambios? Recibiendo hoy a Cristo como Señor y Salvador. Sea que hoy estemos llenos de felicidad, o estemos apurando la copa de la amargura, ¡necesitamos a Jesucristo! Hermano Pablo
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LA GRATITUD DE JUAN SEPP

Published: 2009-11-14 10:00:00

Juan Sepp era un personaje popular en San Francisco, California. Todos los días se la pasaba en el Parque Álamo alimentando las palomas. Cada semana compraba hasta doscientos kilogramos de alimentos para aves, gastando en esas compras una cuarta parte de su sueldo mensual. ¿Cuál era la razón del cariño que sentía por las palomas? La respuesta se encuentra en la historia de su vida, que a Juan le gustaba contar, con lujo de detalle, a cualquiera que mostrara interés. «Durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, fui piloto en el ejército ruso —contaba Juan—. Un día de combate, un piloto alemán acribilló mi avión, por lo que cayó sobre el bosque de Austorvi, en la frontera germano-polaca. Me hirieron, y durante dieciocho largos días quedé indefenso en el bosque, necesitando ayuda. En el lugar en que me derribaron, marqué día tras día mi posición en un papel, lo até a la pata de una de las palomas que llevaba en el avión, y solté la paloma. »Cada día de esa larga odisea —sigue contando Juan—, una paloma mensajera salía volando desde el sitio donde yo estaba herido hasta el cuartel general. Los oficiales del cuartel la enviaban de vuelta con cubitos de alimento concentrado. Cuando al fin llegó la patrulla de salvamento, elevé una oración de gratitud al cielo, y prometí solemnemente alimentar durante el resto de mi vida a cualquier paloma mensajera que tuviera hambre.» Cuando terminó la guerra, Juan Sepp emigró a los Estados Unidos. En San Francisco, se ganó la vida lavando ventanas y, cumpliendo la promesa que le había hecho a Dios, de ahí en adelante empleó gran parte de su sueldo comprando granos para alimentar a las palomas. Si una persona como Juan, inspirada por la gratitud que siente a raíz de habérsele salvado la vida, tuvo a bien comprar, durante cincuenta años de su vida, maíz para dar de comer a unas aves, ¿qué ha de esperar Dios de cada uno de nosotros como señal de gratitud por la vida abundante y eterna que nos ha dado? Es lamentable que a muchas personas una de las cosas que más les cuesta hacer es dar gracias en público. Para colmo de males, les cuesta más trabajo aún agradecerle a Dios la salvación. En cierta ocasión, Jesucristo sanó a diez hombres leprosos, y uno solo de ellos volvió para darle las gracias. ¿Quién lo hubiera pensado? Más vale que no seamos ninguno de nosotros como uno de los nueve ingratos. Aceptemos la vida eterna gratuita que nos ofrece Cristo, pero a diferencia de esos nueve desagradecidos, y con el espíritu de Juan Sepp, demos gracias al Señor desde lo más profundo de nuestro corazón, respaldando nuestras palabras con nuestros hechos. Carlos Rey
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«DEFENDIENDO TU SANTA BANDERA»

Published: 2009-11-13 10:00:00

(Aniversario de la Adopción Oficial del Himno Nacional de Honduras) (Himno cantado por Carlos Rey en audio y en video) Desde su separación de la antigua Federación Centroamericana en 1838, la República de Honduras carecía de un Himno Nacional oficial. Por eso, en 1904, el presidente, general Manuel Bonilla, invitó a un grupo de escritores hondureños a que presentaran propuestas para la letra del himno. La que resultó favorecida fue la del poeta tegucigalpense Augusto Constancio Coello Estévez, de sólo veintiún años de edad. Al maestro de origen alemán, Carlos Hartling, director de la Banda de los Supremos Poderes, que había llegado a Honduras en 1896 contratado por el gobierno del presidente Policarpo Bonilla, le tocó la suerte de componerle la música y hacerle el arreglo respectivo. Pero no fue sino hasta el 13 de noviembre de 1915, luego del fallido intento de reemplazarlo con la letra y la música de un himno diferente mediante un concurso convocado en 1910 y clausurado en 1912, que el gobierno del presidente Alberto Membreño adoptó oficialmente la composición de Coello y Hartling como el Himno Nacional de Honduras.1 He aquí el coro y la séptima estrofa como se cantan en la actualidad: //Tu bandera// es un lampo de cielo
//por un bloque// de nieve cruzado;
y se ven en su fondo sagrado
cinco estrellas de pálido azul;
en tu emblema, que un mar rumoroso
con sus ondas bravías escuda
//de un volcán,// tras la cima desnuda,
//hay un astro// de nítida luz. Por guardar ese emblema divino
marcharemos, ¡oh patria!, a la muerte;
generosa será nuestra suerte
si morimos pensando en tu amor.
Defendiendo tu santa bandera,
y en sus pliegues gloriosos cubiertos,
serán muchos, Honduras, tus muertos,
¡pero todos caerán con honor! No queda duda alguna de la devoción que el pueblo hondureño siente por su «santa bandera» patria, «emblema divino» que no sólo sus próceres sino cada patriota, por lo mucho que la ama, debe estar dispuesto a defender hasta la muerte. Con ese nivel de lealtad de parte de sus ciudadanos, Honduras se asegura una «generosa suerte» a escala nacional. Gracias a Dios, para asegurarse un dichoso porvenir espiritual a título personal, basta con que cada hondureño manifieste verdadera devoción por Él como hizo Moisés, el libertador de Israel, edificando un altar en su corazón que diga: «¡El Señor es mi bandera!»2 Carlos Rey
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www.conciencia.net 1 Francisco Arístides Medina M., Cuestionario cívico del Himno Nacional de Honduras (Tegucigalpa: Ediciones Culturales FAMA) En línea 11 junio 2009; Roberto Ramón Reyes Mazzoni, «Antecedentes del Himno Nacional», La Tribuna, 7 octubre 2007 En línea 12 junio 2009; José Dolores González, «Así nació nuestro Himno Nacional», La Tribuna, 18 noviembre 2007 En línea 12 junio 2009; En linea 12 mayo 2009.; En línea 12 mayo 2009; Gaspar Sanz y Tovar, «La federación centroamericana», diciembre 1950 En línea 12 junio 2009. 2 Éx 17:15 (DHH)

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